La muerte apagó sus voces

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Supongamos por un momento que uno de nosotros hubiera ido en cualquiera de esos trenes, supongamos por un momento que hubiéramos estado en cualquiera de esas estaciones... ahora mismo, siendo supervivientes de tal brutal atentado contra la vida, ¿cómo seríamos? Desde luego, muy diferentes a lo que somos ahora. Apartemos el hecho de que algunas de las víctimas que salvó su vida tiene secuelas físicas, tiene secuelas psicológicas, ¿tendríamos la capacidad suficiente de perdonar a los verdugos?

192 almas subieron al cielo tal día como hoy hace cuatro años. Unas al instante, otras poco a poco, agonizando, luchando por su vida. Recuerdo que siempre que escuchaba que había alguien muy grave, rogaba para que los médicos pudieran salvarle. No quería que la cifra se incrementara, de ser 10 pasaron a ser 50, luego más de 100 ¡qué locura! Por favor... ¡qué locura!

No quería creerme que aquello estaba sucediendo de verdad, ¿pero quién puede odiarnos hasta tal punto de cometer esta masacre? Y no, no iba en contra de ningún madrileño, ni tan siquiera de ningún español, iba en contra de todos aquellos que iniciaban una jornada laboral más para poder pagar sus facturas, comprar alimentos, estudiar para tener un futuro algo mejor, alcanzar sus sueños... y todo eso se convirtió en nada.

Ha sido un día muy duro para muchos de nosotros, esos que no os olvidamos, que siempre os tenemos presentes. Me refiero a todas las víctimas del terrorismo, ya sea a manos de ETA o Al-Qaeda, la muerte iguala a todo el mundo, y si es salvaje, tiene un apartado especial. Ojalá éste desaparezca y la muerte vuelva a ser una nada más, a ésta no le hace falta que le ayude ningún salvaje, se basta por sí sola, sólo que a veces yerra el camino y se lleva a quien no debe.

¡Pudríos todos en el infierno!

Fotografía de Sepulture {regret}



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