Qué sencillos somos

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El otro día paseándome por mi barrio (hacía tiempo que no lo hacía), me acerqué a una tienda nueva que han inaugurado hace, quien sabe, meses, años... uno vive en él pero siempre que salgo de casa es de noche y cuando llego, normalmente también es de noche, así que apenas sé lo que ocurre en él. Era una de electrodomésticos, tenían de todo, así que no parabas de visitar televisores que no te hacían falta, lavadoras que aunque piensas en cambiarla aún no es el momento, aparatos de música que no te enamoraban porque tú eres de uno solo, etc... Y ¡tachán! Ahí estaba, una plancha eléctrica de cocina maravillosa, coqueta, con sus asas, de apariencia útil, moderna y con un color negro elegantísimo, lista para invitarla a cenar.

Y eso hice, la invité a cenar sabiendo que su menú iba a ser beneficioso para mi salud...

¡¡Menudas hamburguesas me he hice ayer mismo con ella!! ¡Riquísimas! Sin aceite, sólo ellas y el calor embriagador de la plancha, con el pan tostado a los lados y ella presidiendo la mesa justo en el centro de ésta.

Ya... menuda manera de cuidar la dieta, de acuerdo pero... nunca dije que mi persona fuera coherente.



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