Eso es lo que queda reflejado en otra joya que nos regala Eastwood. Como ya sabes ha filmado dos películas narrando lo que aconteció en Iwo Jima. La primera que se estrenó fue 'Banderas de nuestros padres', donde se denunciaba la vil utilización de una foto sin historia real para intentar fabricar una justificación más y ganarse nuevamente a la opinión pública estadounidense cansada ya de recibir féretros de sus soldados en la Segunda Guerra Mundial.
En este caso la película muestra la otra cara de la moneda y me ha convencido. En 'Cartas desde Iwo Jima' vamos conociendo algunas historias personales de las que allí dejaron sus vidas.
Ken Watanabe (visto en 'Memorias de una geisha' por ejemplo), da vida al inteligente, imaginativo y sensible general Kuribayashi, un auténtico héroe en Japón a pesar de su derrota. Éste consiguió gracias a un ingenioso método de defensa que consistía en un entramado de túneles que unían 5.000 cuevas a lo largo de la isla, repeler un supuesto ataque fácil y victorioso por parte de las tropas estadounidenses convirtiéndolo en una feroz lucha de titanes que duró más de un mes a pesar de la falta de agua y comida entre sus hombres. Además de esta innovación táctica, encontramos en él a un hombre muy cultivado y gran conocedor del estilo de vida estadounidense, no por nada, estuvo viviendo allí. En realidad él detesta esta guerra pero su honor le obliga a servir a su patria y al emperador.
Lo mismo le ocurre al barón Nishi, admirado en Estados Unidos y ciudadano honorífico de Los Ángeles gracias a la consecución de la medalla de oro en los JJ.OO de esta ciudad en la modalidad de hípica, en 1932. Tiene el corazón dividido pero también se debe a su país.
El soldado Saigo es el personaje que más evoluciona a lo largo de la cinta, representa a ese pueblo llano, algo ignorante que debe de obedecer órdenes, olvidándose de sus máximas prioridades: su familia y su trabajo.
El soldado Shimizu anda desencantado con su sociedad, le es incomprensible ver cómo se valora más la muerte que no la vida, por una tonta lucha de demostración de poderes (un ejemplo claro lo encontramos en la escena del perro).
Normalmente no me dedico a analizar ningún personaje en particular pero esta vez lo he considerado necesario porque es a través de ellos que vamos conociendo la verdadera batalla. Y no entre bombardeo y bombardeo. Los japoneses saben que están vendidos y desde el inicio de la película te das cuenta que los colores son en tono sepia, algo que va en contra de cualquier muestra de alegría. Incluso algunos se suicidan al ver que no han podido defender mejor su puesto. Destaco el detalle que ha tenido el director a la hora de mostrar la deshumanización de ambos bandos.
Pero la vida sigue y sigue igual. Seguimos con guerras, cada cual más sangrante, muchísima gente morirá y jamás sabremos de ellos. Es triste pero se ve que las vísceras ganan siempre a la razón aunque se corra el riesgo de acabar con ellas desparramadas en un suelo desconocido.




















