Así podría llamar a esta fotografía, en realidad se trata de la capa que recubre a los canelones que hice justamente unos días antes de
Reyes. Estos representan parte de la alegría que uno siente cuando llegan según qué días, reconozco que para mi no son tan felices como otros años pero poco a poco se va recuperando un sentimiento que creía perdido, o mejor dicho, un gesto, ese que florece cualquier día sin un por qué, me refiero a la sonrisa.
Imagino que no es para nada extraño que una los conceptos cocina-alegría, no me refiero a esos platos que se hacen a diario, a veces con tanta prisa que ni tiempo nos da de degustarlos, me refiero a esos otros que requieren una mimosa elaboración, con un fondo musical sin concretar, y un baile de manos majestuoso con el último toque que ponen tus labios al saborear el producto final.
Ese día fue muy gracioso y muy patoso, así que te lo dedicó a ti
petitona meva para que esa sonrisa precisamente venza por un momento el dolor que sentimos el uno por el otro.
El día anterior ya habíamos (mi madre me ayudó) preparado la carne, me gusta que repose en su salsa para que coja un poco más el sabor de ésta (no digo los ingredientes porque tampoco voy a escribir una entrada de
cocinitas). Así que ahora tocaba la parte más elaborada, hervir la pasta de los canelones, picar la carne y enrollarlos para inmediatamente guardarlos en el congelador, y así ganar tiempo para el gran día en el que harían acto de presentación.
Todo iba bien, ya puesta la carne en dos grandes bandejas, troceada y mezclada (había pollo, ternera e hígado), y con la salsa en un recipiente aparte. Me dispuse a empezar a picarla: un poco de carne, varias cucharadas de salsa, picada. Un poco de carne, varias cucharadas de salsa, picada...
Pero en un descuido, no encajé bien la batidora con el aparato que hacía girar la picadora y al darle al interruptor para que funcionara, empezó a pelar la ranura donde quedaba encajada batidora y picadora. Así que ¿qué iba a hacer sin picadora?
Vístete corriendo que son ya más de las 8 de la noche y compra una picadora, nada de batidora más todo el conjunto, está nuevecita, menos de un año tiene, ¿para qué quieres tirarla? Nervioso perdido fui a una tienda que hay cerca de casa, nunca compro ahí pero era a vida o muerte. Entro:
¡necesito una picadora!.
- ¿Nueva o de las de siempre?
- ¿Nueva o de las de siempre? (pensé), ¿de qué me habla esta mujer?
- De las de siempre (ante todo, seguridad, a saber cómo serán las picadoras nuevas, si son inteligentes puede que me hagan a mi picadillo y no a la carne)
Ya en casa (ni me fijé en cómo era esa
de las de siempre), abrí el paquete y no sé por qué, al ver la fotografía de la caja me recordó mucho a aquel artilugio que veía en mi niñez en los anuncios de la televisión que decía algo así como:
¡Renoi! ¡Pero si es ella en persona! ¡Pardiez! (para que me entendiera ella), ¡y yo que pensaba que formabas parte del pasado y siguen vendiéndote! Disculpe vuesa merced pero estamos en el siglo XXI y debo de volver a la tienda porque dudo mucho que usted me dure demasiado, no porque la vaya utilizar mucho sino porque donde debería de estar es en un anticuario.
Así que sin poner mala cara me dirigí de nuevo a la tienda y le dije que por favor, me diera una
de las nuevas (decisión valiente, sabiendo que podía acabar siendo asesinado por la picadora).
Ya en casa, vi que en efecto, la famosa
picadora Moulinex había evolucionado un poco más, seguía siendo un trasto pero no tanto como la
neanderthalis anterior.
¿Aún me pasó algo más?
Pues sí.
Como siempre me pasa, ya he dicho que soy un patoso de cuidado, todo valiente empecé a rellenar la picadora con la carne, la salsa, en fin, lo normal, pero al hacer el
un, dos, tres, picadora Moulinex, el resultado fue
un, dos, tres, papilla para bebés.
En serio, aquello no picaba, ni trituraba, ¡casi transformaba en líquido cualquier sólido! Así que ya entre risas, porque no me lo podía tomar de otra forma, seguí picando, a veces era papilla, otras veces picada, lo mezclé todo y le dije a mi madre:
seguro que con esto no nos vamos a atragantar, me van a salir unos canelones suaves suaves, ¡beberemos canelones!Y así fue, a los dos o tres días, no recuerdo bien, preparé los canelones, no sin antes pasar el secador por ellos porque como el frigorífico también es nuevo, resulta que aún habiendo pasado 4 horas fuera del habitáculo, estos seguían algo congelados. Un poco más y ni horno hubiera hecho falta porque se estaban haciendo con el aire caliente.
Ya en la mesa, antes de empezar a repartirlos, me dio el ataque de risa porque jamás había sido tan divertido hacer un plato tan sencillo. Eso es lo que pasó. Como ves sigo siendo igual de inútil en la cocina, al menos lo que hago me sale comestible, menos aquella vez que me pasé de pimienta y tú no parabas de beber agua al mismo ritmo que yo, o cuando hicimos por primera vez nata montada, la cual decidió escapar de nosotros quedando pegada en las paredes.
Espero que te hayas reído, he intentado que hoy fuera algo diferente, sigue doliéndome pero siempre pasa mejor con una sonrisa.
T'estimo rateta meva.